jueves, 20 de octubre de 2011


Joel Schumacher, aquel que en 1985 nos había brindado una genialidad como El fuego de St. Elmo, dirige dos años después The lost boys (Los niños perdidos), film que en Argentina llevó el extraño nombre de "Que no se entere mamá". Mezcla típica por aquel entonces de comedia adolescente y terror, este es uno de los tantos hitos cinematográficos de aquella década que no entiendo cómo puede estar ausente del libro de Schneider. Es que sin riesgos de parecer exagerada, Schumacher logra una película estupenda para retratar en forma entretenida y llevadera las angustias típicas y caóticas de la adolescencia bajo el disfraz de un género popular como era el terror en la gloriosa década de los ochentas.

Argumento:

Lucy (Dianne Wiest) , recientemente separada, se muda con sus dos hijos a casa de su padre. En su primera noche de pueblo, salen a la feria local y Michael (Jason Patric), el adolescente de la familia, conoce a Star, una enigmática muchacha que parece salir con el jefe de una patota de motoqueros bastante descontrolada. Ellos son los "chicos malos" que terminarán por seducir a Michael a una vida oscura. Mientras, su hermano Sam (Corey Haim), un fanático de los comics conocerá a un extraño par de hermanos dueños de una tienda de comics que, según ellos mismos declaran, es una cortina que cubre su verdadero objetivo: salvar al pueblo de los vampiros.

Ver más allá

La historia original que habían escrito Janice Fischer y James Jeremias, tenían por protagonistas a un grupo de pequeños púberes vampiros que eran perseguidos por unos hermanos Frog de la misma edad. Sin embargo Schumacher desestimó esta idea rayana al estilo Goonies y presionó para que fueran cambiados por adolescentes y se incluyera la trama amorosa de Star para convertir así el film en un relato más atractivo y seductor. Finalmente lo que pudiera verse como un film más del género termina siendo un muy buena alegoría sobre la angustia existencial, el deseo de pertenencia y la definición de indentidad de muchos adolescentes. Después de todo no es gratuito ciertos detalles que se repetían en films de aquella época: divorcios, mudanzas, violencia social, etc. El mismo protagonista sumido en una cueva alusinando y probando "extrañas sustancias" de una botella, es un claro paralelismo con el flagelo que la droga comenzaba a ser en aquellos años de rebeldes tribus urbanas.
Los niños perdidos, cuyo título dicen está basado en aquellos mismos muchachitos de Peter Pan, es un film oscuro que tuvo una excelente repercusión en su momento pero que fue con los años que se asentó como todo un referente, ganó en popularidad y terminó siendo para muchos un mito similar al de Pesadilla o Scream. Todo lo cual le valió, luego de una punta de años, la realización de dos secuelas: The tribe (2008) y The thirst (2010).
Es que el film lo tenía todo para ganar. Desde el sex symbol de la época Jason Patric, la música- que incluía el tema "People are strange" de The Doors interpretado por Echo & the Bunnymen- hasta el naciente dúo de los Corey (Haim y Feldman) que tantos films compartirían juntos casi como garantía de éxito.
Entretenida, de buen ritmo, sin pretenciones grandilocuentes a pesar de sus lecturas, este es uno de los films que siempre recordamos con cariño los cuarentones. Después de todo, como reza el poster: "Dormir todo el día. Parrandear de noche. Nunca envejecer. Nunca morir. Es divertido ser vampiro".


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  1. Muy buena y arriesgada tu crítica Pabela, por tratarse de una película "tan vieja". Si la quieren ver, está en la muestra de Vampiros de Cinematecaweb, junto con otras 9 que hicieron historia.
    Ahh Pabela, y te invito al FESTIFrancia en el Blog.
    Saludos

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