martes, 20 de marzo de 2012



Siempre me he preguntado por qué la gente busca la música. Yo mismo me he visto incontables veces buscándola, como quien ha perdido un tesoro invaluable, y, cuando la encuentro, me doy cuenta que la vida sin música no sería lo mismo. Hay una magia inexplicable en ella. La cantidad de goce que he tenido, la innegable mejoría en mi calidad de vida, se debe en gran parte al amor fiel y ciego que profeso hacia este arte del sonido. Son las notas, una tras otra, juntas o en solitario, elevándose y descendiendo en racimos armoniosos, las que me exaltan el espíritu y me muestran una y otra vez, lo grande que ha sido y en que puede convertirse el ser humano. Por eso los largometrajes que están impregnados de música me atraen irremediablemente.

Y este es el caso de esta película de 1994, escrita y dirigida por  Bernard Rose, basada en la biografía del músico alemán Ludwig van Beethoven (interpretado por Gary Oldman), cuya música es consubstancial a su vida.

Me llené de mucha emoción al escuchar durante todo el transcurso de la película, muchas de las composiciones del grandioso compositor.

La trama inicia con la muerte de Beethoven. En su casa encuentran una carta amorosa y su testamento, en donde cede toda su música a una dama sólo identificada como “mi amada inmortal”. El que había sido secretario de Beethoven se enfrasca en la búsqueda de esta misteriosa y oculta mujer. En el trascurso de su búsqueda se van mostrando poco a poco en la película muchos pasajes de la vida del gran maestro, encontrándonos con que sufrió una niñez dura bajo la mano inclemente de un padre que lo golpeaba; nos encontramos con algunos de sus amores; se nos muestra la vida social que tuvo y sus muy pocas o casi nulas amistades; también se revela su carácter fuerte y su genio musical.

Según entiendo, Bernard Rose se tomó algunas libertades –aunque pequeñas al fin- para contar la vida de Beethoven, que no concuerdan con los hechos históricos, como por ejemplo en una escena Beethoven, siendo niño, no toca el piano, quedando él y su padre en ridículo; sin embargo se sabe que el niño Beethoven siempre salió avante en todo concierto que dio. A pesar de todo esto, el largometraje están muy bien dirigido y la historia está muy bien contada. Las actuaciones son bastante buenas también. Además el sorpresivo final, en donde se revela por fin quién es la “amada inmortal” está muy bien armado.

Una escena bellísima de esta película es cuando ocurre el estreno de la famosa Novena Sinfonía, «la coral». Mientras los músicos tocan intensamente y el público es conquistado poco a poco por cada sublime acorde de la composición, Beethoven de pronto aparece entre los músicos de la orquesta, de espaldas a la audiencia, y parece escuchar cada nota, ¡y lo hace!, pero sólo en su cabeza, en su memoria, porque de pronto la música desaparece y los que estamos viendo la película experimentamos por unos segundos la terrible sordera de uno de los más grandes músicos que ha pisado nuestro planeta.

Beethoven nació en Bonn el 16 de diciembre 1770 y falleció en Viena el 26 de marzo de 1827.

Si no vieron esta película cuando se estrenó, los invito a mirarla; la encontrarán dividida en doce partes siguiendo este enlace: http://www.youtube.com/watch?v=dcg7k69LRgI


ESCRITO POR Óscar Perdomo León

Salvadoreño Doctor en Medicina. Amante de la música, la literatura, el cine y la fotografia. En otras palabras, médico, poeta y loco. No se considera escritor; sino más bien un “escribidor” que ama leer y escribir. Tiene cuenta en Twitter donde pueden seguirlo @OscarPerdomoL y un excelente blog

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